Si España es paella, flamenco, sangría y toros en la mente de los foráneos, pensar en Japón suele conjurar imágenes de sushi, cerezos en flor, manga y templos budistas. Quizá también cámaras de fotos y mascarillas protectoras. Pero centrémonos en los templos. Si piensas en uno característico de Japón es muy probable que el que se dibuje en tu imaginación sea el templo budista Shingon Daigo-ji aunque no sepas el nombre ni que se encuentra al sudeste de Kioto, en el monte Daigo. La construcción que muestra la imagen es el salón Bentendo, uno de los edificios más emblemáticos del templo que se erige junto al estanque trasero del área Shimo Daigo.

Daigo-ji también es conocido como el “templo de las flores” y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994. Se fundó en 874 cuando el monje Shobo construyó el salón Godai. Más tarde, se edificó al pie de la montaña el complejo principal así como otros edificios más pequeños y el Goju-no-to, una pagoda de cinco pisos y 38 metros de altura. Esta pagoda de 951 es hoy el edificio más antiguo de Kioto, siendo la única de las construcciones que no ardió en ninguno de los incendios sufridos por el templo y tampoco fue destruida durante la guerra de Onin (siglo XV).

Además de por la paz que se respira y por su increíble belleza, Daigo-ji también es famoso por el Manto-e (la ceremonia de las diez mil luces). Esta ceremonia forma parte del festival de Obon, el periodo de tres días en el que los muertos vuelven para visitar a sus familiares, una festividad no demasiado distinta a la celebración católica de Todos los Santos.

El Obon es uno de los tres periodos vacacionales más importantes de Japón y se celebra del 13 al 15 del séptimo mes que, según el calendario solar, coincide con julio, pero según el calendario lunar utilizado antiguamente, se correspondería con el mes de agosto. Por eso, según la región, podrás ver celebraciones del Obon en meses distintos.

Durante esos días, se cree que las almas de los difuntos regresan a su antiguo hogar. Hay que ayudarles a que lo encuentren, recibirles como es debido y guiarles de vuelta al mundo de los muertos para que no se queden atrapados en un mundo al que ya no pertenecen. A pesar de lo tétrico que puede sonar, el Obon es una celebración feliz, en sintonía con la filosofía budista en la que la muerte es parte del círculo de la vida. Las familias se reúnen y la música, el baile y la comida abundan.

Como la mayoría de tradiciones japonesas, el Obon conlleva una serie de rituales. Hay que empezar limpiando la casa (la limpieza y la pureza son partes esenciales del sintoísmo). A modo de ofrenda, delante del butsudan (el altar budista de la familia) se colocan una serie de alimentos entre los que no suelen faltar las bolas de arroz, los pepinos, las berenjenas y el sake. El arroz y el sake son para los difuntos y la berenjena y el pepino simbolizan una vaca y un caballo respectivamente. Se cree que los espíritus llegan a caballo porque están impacientes por reencontrarse con sus seres queridos, pero se marchan en vaca, lentamente, apenados por dejar atrás a su familia. También se encienden chouchin (farolillos de papel) en las puertas de las casas y se quema senko (incienso) para ayudar a los antepasados a encontrar el camino a sus casas. En Kioto, el día en que se despide a los espíritus, se encienden hogueras en cada una de las colinas que rodean la ciudad para guiarles en su camino de vuelta. Ese día, tras las celebraciones, las familias llevan chouchin con el emblema familiar a las tumbas de sus difuntos y se reúnen al anochecer para lanzar los farolillos al río o al mar también con el fin de servir de guía al mundo de los muertos.

En el templo Daigo-ji, sobre el 5 de agosto y alrededor de las 21 horas, se celebra el Manto-e y se encienden más de mil farolillos de papel para honrar y mostrar respeto a todos los ancestros así como para dar gracias por estar vivos. Además, tanto el Kondo como la pagoda Goju-no-to se iluminan de forma especial convirtiendo la ceremonia en un fantástico espectáculo de luz en la oscura noche nipona.

Visitar todo el complejo de Daigo-ji te costará unos 2.100 yenes (algo más de 15 euros).

Cómo llegar: Daigo-ji se encuentra en la última estación de la línea de metro Tozai. De la estación hasta el templo hay unos 15 minutos a pie pero también puedes recorrerlo en autobús. Desde Kioto, coge la línea Tokaido de la JR, la línea Kosei o la línea Biwako hasta la estación de Yamashina y allí cambia a la línea Tozai. Si prefieres el autobús, la empresa Keihan Bus hace el trayecto directo entre la estación de Kioto (la parada está frente al hotel Keihan) y Daigo-ji. El viaje dura unos treinta minutos y cuesta unos 300 yenes. La frecuencia es de 30-50 minutos.

Para más información, puedes visitar la página del templo o, si un viaje a Japón no está en tus planes inmediatos, puedes dar rienda a tu imaginación con la visita que te propone Google.